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Cuando escribo

  Cuando escribo, vivo; me equivoco y sigo. No hay descanso ni festivo, me parece sugestivo y hasta conspirativo este apasionamiento repentino. Lo hago sin factura, de modo clandestino; me obsesiono, como que me obstino. Me canso la espalda y el dedo me lastimo, pero no le escatimo. Voy para adelante como el Tata Martino, soy grande como un ruso y chico como un filipino, porque ahora sí me animo y soy quien escribe mi destino.

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